El peso de los doce pasos: La fragilidad del ídolo

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Por Julio César Campos con el apoyo de la AI.

En el fútbol, la distancia entre la gloria y el reproche es de apenas once metros. El punto penal no es una oportunidad matemática, es un paredón psicológico donde el prestigio no sirve de escudo. Lo vimos recientemente con Dayro Moreno, un goleador implacable que, en el momento de la verdad, descubrió que el arco puede volverse diminuto incluso para quien ha hecho del gol su biografía. Y después con Hugo Rodallega, quien en el semestre anterior le hab{ia dado el título a Santafé-

El fallo desde los doce pasos es el gran igualador del deporte. No distingue entre leyendas y novatos; de hecho, parece ensañarse con los primeros. La historia está escrita con las lágrimas de gigantes que, al igual que Dayro y Rodallega, cargaron con la esperanza de todo un pueblo y terminaron abrazando el vacío:

Roberto Baggio (EE.UU. 1994): El «Divino» que llevó a Italia a la final solo para enviar el balón al cielo de Pasadena. Una imagen que definió una carrera más que mil goles.

Zico (México 1986): El «Pelé Blanco» falló ante Francia, recordándonos que hasta el juego más fluido puede atascarse en un solo suspiro.

Lionel Messi (Copa América Centenario 2016): El mejor del mundo también supo lo que era fallar un penal decisivo que lo llevó, momentáneamente, a renunciar a su selección.

El caso de Dayro Moreno al  final es un recordatorio de la humanidad del ídolo. Se le juzga con severidad porque se le cree infalible, pero el penal fallado es, en esencia, el riesgo inherente de quien tiene la valentía de patearlo. El goleador histórico falló, sí, pero lo hizo bajo el mismo sol que quemó a Baggio y a Platini.

Reducir la carrera de una figura a un penal errado es un ejercicio de amnesia colectiva. El fútbol nos enseña que las grandes figuras no se definen por su infalibilidad, sino por su capacidad de volver a pedir el balón después de haber tocado el suelo. Dayro y Rodallega, como los grandes de la historia, ahora pertenecen a ese exclusivo club de héroes que recordarán por siempre que, a veces, el destino es traicionero a la hora de patear un balón..

El penal errado por Hugo Rodallega es el eje central perfecto para ilustrar cómo la presión máxima puede quebrar incluso al referente más experimentado.

Rodallega, goleador y líder absoluto del equipo, cobró con potencia pero sin la colocación necesaria.

La Paradoja del Héroe: El jugador que cargó con el equipo durante toda la temporada fue quien falló en el momento de «trámite» más sencillo.

El silencio de los hinchas y la pesadez en las piernas del capitán tras el fallo es la fragilidad humana frente a la expectativa de miles.

Ni siquiera los botines más experimentados están exentos de temblar ante el punto blanco; Rodallega, el titán cardenal, descubrió que en la soledad de los doce pasos, la gloria y el abismo solo están separados por un roce equivocado del balón.

Como lo dijo Maradona: «Solo falla un penal quien tiene el coraje de tirarlo.»

Pero la vida debe seguir para los ídolos y el segundo semestre será la revancha. Y vendrán mejores momentos y nuevos triunfos. Y solo quedarán los recuerdos de esos tristes momentos

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