Por / César Augusto Prieto
Acord Cundinamarca
A propósito de la ya adelantada construcción de los velódromos en el municipio de Mosquera y el de Gibraltar en Bogotá, el recorrido de este tipo de escenarios en el desarrollo de la infraestructura del deporte colombiano, ha tenido de todo un poco, pero más allá de los ires y venires de nuestra cultura, son fiel reflejo de la importancia del ciclismo en nuestro país.
Así y ya con la fiebre del pedalismo fomentada por la disputa de la Vuelta a Colombia en los años 50 del siglo pasado, en la capital colombiana nace la idea que se cristaliza con la construcción del velódromo 1 de mayo, en los contrafuertes de la cordillera oriental de la capital colombiana.
Con la asesoría de expertos argentinos, Julio Arrastía Brica y Serafín Guerrero, padre del piloto Roberto José, este escenario se inauguró el 8 de diciembre 1951 con presencia de varias figuras del pedalismo, entre ellos el francés y campeón olímpico de ruta José Beyaert y el gaucho Alberto García, entre otros, además de autoridades locales.
Debido al éxito y promoción del pedalismo de pista generado por el escenario capitalino, Medellín se une con la puesta en servicio de un velódromo, el 12 de octubre de 1956, el cual es conocido actualmente como Martín “Cochise” Rodríguez en reconocimiento al astro antioqueño.
La organización de competencias también sirvió de motor, motivación y exigencia de la organización, casos del Alcides Nieto Patiño construido para los Juegos Panamericanos de 1971 en Cali, posteriormente remodelado para los Juegos del Pacífico en 1995 y como ahora lo conocemos, desde el 2007, listo para los Juegos Nacionales del año subsiguiente.
En 1974 entra en funcionamiento el escenario Alfonso Hurtado Sarria, con motivo de la disputa de los Juegos Nacionales en la ciudad de Pereira, mientras el 12 de diciembre de 1992 se estrena la pista del Alfonso Flórez Ortiz en la capital santandereana y el mismo año, con motivo de la celebración de los Juegos Nacionales el deteriorado Rafael Vásquez, en la ciudad de Barranquilla.

Velódromo Alfonso Flórez Ortiz de Bucaramanga (Foto tomada Inderbu)
Tal vez, el más mediático de las últimas décadas, el Luis Carlos Galán, ubicado en la Unidad Deportiva El Salitre de Bogotá, terminado en 1995 para albergar la realización de los Campeonatos Mundiales de Ciclismo UCI; desde un principio se cuestionaron varias de sus características como el material de la pista en cemento cuando a nivel internacional ya era de norma la madera, el no ser techado y la longitud de su pista. En resumen, de las muy pomposas y politiqueras inauguraciones se ha pasado a años de desgreño, deterioro y descuido, dejando a varios de estos en desuso y a otros, ejemplo de corrupción, como el levantado en la ciudad de Arauca y conocido con el nombre del dirigente Miguel Ángel Bermúdez, en la década de los años 90; producto del boom petrolero y las regalías del campo Caño Limón y hoy en día convertido en un patinódromo inconcluso; la cinta de cemento que lo rodea y graderías para 4.500 personas, son víctimas de la maleza, la humedad y el olvido.


