Historia, auge y anécdotas de los velódromos en Colombia (2)

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Por / César Augusto Prieto

Acord Cundinamarca

El presente siglo muestra una cierta indiferencia estatal y privada hacia la necesidad de construir nuevas pistas para el ciclismo, debido en parte, a que ya varias capitales, potencias económicas y del deporte, ostentaban este tipo de escenarios, algunos en buenas condiciones, otros con el eterno dilema de quien los administra adecuadamente luego de su inauguración.

Tras la pandemia, la región del altiplano cundiboyacense retomó su histórico interés por los velódromos, recordemos que el primero en Colombia es el 1 de Mayo en la ciudad de Bogotá estrenado en 1951, y la administración del municipio de Mosquera, con el apoyo del Ministerio del Deporte y la Gobernación de Cundinamarca, hicieron acopio de esfuerzos para entregarlo este año.

Actualmente, el avance de obra pasa del 90%, pues ya se instaló la pista de madera de 250 metros, además del techo, las luminarias y graderías para 1.600 espectadores tras una inversión cercana a los $100 mil millones, eso sí, ubicado en un área residencial muy cercana a unas torres de apartamentos; roguemos para que estos vecinos no impugnen la celebración de eventos deportivos, como es costumbre en este país de leyes y demandas.

Por otra parte, Bogotá también construye un tercer velódromo, éste cubierto y con pista de madera como exige hoy en día la UCI para la homologación de marcas y abrir el recinto a las competencias internacionales. Se ubica en predios de un antiguo botadero de basura, en un sector entre las localidades de Bosa y Kennedy.

Si bien, puede recuperar el entorno urbano y social, es presa de críticas, aún sin ser abierto, a causa de lo alejado de otros centros deportivos, los más cercanos son los parques Cayetano Cañizares y Gilma Jiménez, pero especialmente por los largos y tensos minutos de distancia de zonas hoteleras y de transporte, a sabiendas de los proverbiales problemas de tráfico de la capital colombiana.

Vista reciente del velódromo de Mosquera, escenario localizado a pocos kilómetros de la ciudad de Bogotá. (Foto MinDeporte)

Aun así, los trabajos siguen tras el montaje de la estructura metálica y techo, con un domo de imponentes 120 metros de altura, lo cual permitirá seguir con la puesta de la pista y demás aspectos, con un adelanto de obra de más del 50 %, lo cual contrasta con los 9 años que lleva derribada la Unidad Deportiva El Salitre, sin que hasta el momento se vislumbre alguna solución real, más allá de visitas inocuas de organismos de control y promesas de la Administración Distrital.

La distancia entre los dos nuevos velódromos es menor a los 15 kilómetros, factor que puede jugar en su contra, pues se podría presentar una competencia poco sana, para ver cual puede albergar más actividades, lo cual, claramente, no fue ni discutido ni pensado antes de iniciar las inversiones.

En resumen, se espera que el recinto de Mosquera sea la sede oficial de las competencias de Juegos Nacionales 2027 y al igual que el escenario capitalino, tengan una nutrida programación de competencias locales e internacionales y por supuesto, sirvan para promover el nivel del ciclismo colombiano de pista, del cual se conoce su potencial pero que carece hasta el día de hoy de escenarios idóneos para su desarrollo, salvo la honrosa excepción del Alcides Nieto Patino en la ciudad azucarera.

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