Carlos Julio Castellanos – Presidente AIPS América
El pitido final contra Suiza no solo marcó la eliminación de Colombia del Mundial. También desató un fenómeno que parece repetirse cada cuatro años: la competencia entre expertos.
DESBORDAMIENTO EMOCIONAL Durante semanas reinó un prudente silencio. Pero la derrota bastó para desatar a miles de entrenadores, estrategas, preparadores físicos, directivos y analistas. Todos tenían la alineación perfecta, el cambio que nunca se realizó y la fórmula infalible para clasificar a cuartos de final.
Claro… siempre después del pitido final.
Las redes sociales se inundaron de declaraciones. Los programas deportivos encontraron culpables en cuestión de minutos. Y en las calles también se vivieron escenas que reflejaban el desahogo emocional que el fútbol provoca en Colombia. En San Gil, por ejemplo, un hincha decidió prender fuego a la camiseta de la selección nacional en plena calle, como si el uniforme fuera el responsable de la eliminación.
Así vivimos el fútbol: con pasión, con dolor… y a menudo con muy poca reflexión.
PREGUNTAS MÁS PROFUNDAS Porque una vez que la ira y la frustración disminuyan, Colombia tiene la obligación de hacerse preguntas mucho más profundas que simplemente buscar un único culpable.
La primera pregunta es inevitable. ¿Seguirá el cuerpo técnico liderando el proyecto o se iniciará un nuevo proceso? Pero esa no puede ser la única discusión.
También es hora de revisar la dirección de la Federación Colombiana de Fútbol. Gestionar una campaña de clasificación o un Mundial no es suficiente. La responsabilidad es construir un proyecto deportivo sostenible con objetivos claros, transparencia en la toma de decisiones y una visión que trascienda los resultados de un solo torneo.
Y este análisis lleva a otro problema que el fútbol colombiano sigue posponiendo.
UN PROBLEMA DE LARGA DISTANCIA ¿ Cómo es posible que un país que ha sido campeón del Mundial Sub-17 y una potencia en las categorías juveniles no pueda consolidar una base permanente de jugadores para la selección absoluta?
Algo anda mal.
La tercera división sigue siendo un problema de larga data. El torneo de ascenso sigue obstaculizado por un modelo que prioriza los intereses comerciales y los derechos televisivos sobre el desarrollo atlético genuino. En muchas regiones del país, los jóvenes jugadores carecen de un camino claro hacia el profesionalismo.
PROCESOS DE SELECCIÓN Mientras tanto, vuelven a surgir interrogantes sobre los procesos de selección, las oportunidades para nuevos talentos y los criterios utilizados para conformar las selecciones nacionales. Estos son debates que no pueden ser desestimados con insultos ni ignorados. Merecen respuestas, transparencia y explicaciones.
El caso del portero Kevyn Mier, de Santander, fue uno de los nombres que más llamó la atención de quienes creían que merecía una oportunidad en el proceso. Al igual que él, otros jugadores quedaron fuera de un proyecto que ahora exige una evaluación seria de sus decisiones deportivas.
El fútbol colombiano necesita mucho más que un nuevo entrenador.
¿QUÉ SE NECESITA? Necesita fortalecer su estructura, invertir en formación, apoyar a las categorías inferiores, profesionalizar los torneos de desarrollo y asegurar que el talento llegue a la selección nacional por mérito, no por percepciones o debates que, en última instancia, erosionan la credibilidad del sistema.
Porque los Mundiales no se pierden en noventa minutos.
Se empiezan a ganar —o perder— desde la primera sesión de entrenamiento del próximo ciclo mundialista.
NECESIDAD DE REFORMAS Si Colombia quiere volver a competir entre los mejores equipos del mundo, el análisis debe ir mucho más allá de una eliminación. Debe empezar por reconocer que el problema no siempre está en el cuerpo técnico. A menudo, reside en los cimientos mismos de un sistema futbolístico que sigue posponiendo las reformas que lleva años exigiendo.
El Mundial ha terminado para Colombia.
Ahora empieza el verdadero juego.
Y ese juego no se gana con discursos, excusas ni chivos expiatorios.
Se gana con decisiones.


