Por Jorge Lozano / ACORD Cundinamarca
Por años, el atletismo colombiano ha producido figuras memorables en la marcha, el salto triple y la velocidad. Sin embargo, las pruebas de medio fondo y fondo parecían reservadas para otros países, especialmente cuando se trataba de competir al más alto nivel internacional. Por eso, lo conseguido por Pedro Marín, integrante del Equipo Porvenir, en Málaga, España, tras convertirse en el primer colombiano de la historia en bajar de los 3 minutos y 40 segundos en los 1.500 metros, merece mucho más que una felicitación pasajera: representa un cambio de paradigma para el deporte nacional.
El registro de 3:39.95 no es únicamente un récord nacional. Es la confirmación de que Colombia está comenzando a producir atletas, en estás especialidades, capaces de competir con decoro a nivel internacional. La marca pulverizó el récord anterior de Carlos San Martín (3:41.99) y coloca a Marín en una dimensión diferente dentro del atletismo colombiano.

Lo más llamativo es que este logro no apareció de la nada. Quienes han seguido la evolución del corredor nacido en Chocontá saben que su ascenso ha sido sostenido. En los últimos años ha acumulado récords nacionales sub-23 en 1.500, 3.000, 5.000 y 10.000 metros, además de conquistar títulos internacionales y convertirse en una de las mayores promesas del fondo sudamericano. Recientemente también obtuvo la medalla de oro en los 5.000 metros del Campeonato Iberoamericano de Lima y ha establecido marcas históricas para Colombia en varias distancias.
La pregunta que surge es inevitable: ¿estamos frente al mejor fondista colombiano de la nueva generación? Todo indica que sí.
Mientras muchos deportistas alcanzan su pico competitivo cerca de los 27 o 28 años, Marín apenas supera los 20. Eso significa que todavía tiene un amplio margen de crecimiento fisiológico, técnico y táctico. Su progresión en los últimos dos años ha sido impresionante: pasó de registrar 3:43.37 en 2025 a correr por debajo de los 3:40 en 2026, una mejora enorme en una prueba donde cada segundo cuesta meses de entrenamiento.
Pero este récord también deja una reflexión para el deporte colombiano. Con demasiada frecuencia los éxitos individuales son el resultado de esfuerzos personales, familiares y de algunos patrocinadores, más que de una política deportiva sólida. Marín estudia y compite en Estados Unidos, un entorno que le ha permitido acceder a competencias de alto nivel y a procesos científicos de entrenamiento que siguen marcando diferencia. Su caso demuestra que el talento existe en Colombia; lo que muchas veces falta es el ecosistema adecuado para desarrollarlo.
El país debería observar con atención lo que está ocurriendo con este joven de Chocontá. No solo porque puede convertirse en protagonista de campeonatos mundiales o ciclos olímpicos futuros, sino porque su historia es la prueba de que el atletismo colombiano puede aspirar a mucho más que participaciones decorosas. Durante décadas, romper la barrera de los 3:40 en los 1.500 metros parecía un sueño lejano. Hoy es una realidad.
Los récords están hechos para ser superados, pero algunos tienen un valor simbólico especial. El de Pedro Marín es uno de ellos. No solo porque cambia una cifra en los libros estadísticos, sino porque amplía el horizonte de lo que los atletas colombianos creen posible.
Y quizás ahí radique su mayor victoria: demostrar que los límites históricos del atletismo nacional ya no son una barrera, sino simplemente la próxima meta por superar.


