Historia, auge y anécdotas de las plazas de toros en Colombia (I)

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Por / César Augusto Prieto

Acord Cundinamarca

Aunque hayan desaparecido de la cartografía urbana de muchas de nuestras ciudades, las plazas de toros fueron uno de los primeros peldaños en la construcción de escenarios relacionados con la actividad física en Colombia.

Y si bien, la denominada fiesta brava para muchos no es considerada un deporte, en todo su significado, si fue parte de la herencia española que apalancó su práctica y montaje de corralejas de madera a finales del siglo XIX, y varios de los principales cosos en el siglo pasado.

Junto a otros eventos como las carreras de caballos y las peleas de gallos, los toros han sido parte importante para el uso del tiempo libre, especialmente en ciudades capitales con crecimiento de aficiones y desarrollo de actividades relacionadas como la venta de comidas, licores y restaurantes ambientados.

En Bogotá, las primeras plazuelas fueron itinerantes, siendo unas de las más reconocidas La Bomba, Plaza España, Luna Park y luego el circo de San Diego, precisamente en ese sector capitalino, en inmediaciones del primer parque bogotano, el del Centenario.

Ya bien entrado el siglo anterior se acomete la obra en cemento de la plaza Santa María, estrenada en 1931, es decir a pocos años de cumplir 100 años, y desde entonces ha sido epicentro de inolvidables corridas, pasando también por albergar obras de teatro, conciertos y hasta partidos de la Copa Davis.

Actualmente, este emblemático escenario se encuentra en desuso a pesar de ser reconocido como patrimonio cultural y arquitectónico de la capital colombiana. En Cartagena de Indias, otra hidalga ciudad con pasado y arraigo de la tauromaquia existe actualmente la plaza Monumental, inaugurada en 1974 a un costado del estadio Jaime Morón, pero también con una interesante historia de otros recintos a través de los años.

Para finalizar esta primera parte del repaso, podemos citar al departamento de Boyacá, otro asentamiento hispánico de la época de la Conquista y con lazos fuertes relacionados con la fiesta brava. Acá, las plazas de toros tuvieron también una peregrinación diversa pero en declive desde la promulgación de la Carta Política de 1991 y la ideología animalista que ha mellado la afición y organización de corridas en todo el país; incluso se debate el nombre del coso de Duitama, bautizado con el legendario nombre de César Rincón.

Ni siquiera el nombre de toreros famosos como César Rincón se han salvado de la aniquilación del toreo en Colombia. (Foto tomada W radio)

Para la reflexión dejamos el pronunciamiento de la Corte Constitucional al declarar que las corridas de toros son “una manifestación viva de la tradición espiritual e histórica de los pueblos iberoamericanos, como lo es Colombia» y que por tal argumento pertenecen al patrimonio cultural intangible del país, aunque el auge de ideologías y redes sociales lo ignoren y los toros sean una expresión en vías de extinción.

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