Por / César Augusto Prieto – Acord Cundinamarca
Recuerdo claramente, que en uno de nuestros arrancones de “patriotismo” mediático, cuando César Rincón, el inolvidable matador bogotano, fue noticia de portada, titulares y emoción cuando salió varias veces por la puerta grande de la plaza de Las Ventas de Madrid, en 1991.
Junto a las gestas de escarabajos y los esporádicos arrancones del fútbol, fue en su momento, todo un ídolo nacional, motivo de recibimientos multitudinarios y orgullo cafetero, pero quien en el lapso de unos pocos lustros, pasó a ser casi un lastre social, víctima de las ideologías animalistas, y digámoslo sin rodeos, del cambio generacional.
El mismo que ha llevado de la mano de autoridades y legislativos populistas a convertir al toreo en un estigma, objeto de persecuciones y matoneo en redes sociales, dejando además a cientos de personas sin oficio, y las tardes de oles, ruanas y manzanilla en un ameno recuerdo de sus espectadores.
Convirtió el coso de La Santamaría en hospedaje de fantasmas y tutelas, al igual que escenarios en otras ciudades colombianas, ganaderías, bares de tapas y comida española, venta de cojines, ponchos y plásticos para el impredecible clima, en fotos ya amarillentas.
Aún así se resisten a morir plazas y temporadas como las de Manizales en donde ya se promociona y venden abonos para la versión 71 prevista para enero del año entrante como parte vital de su popular Feria; La Monumental fue inaugurada en 1951 y es uno de los pocos recintos en el mundo que mantiene con regularidad a la fiesta brava, sumado a esporádicas citas en el coso cundinamarqués de Puente de Piedra.
También, en los días de asueto propios del cambio de año, la coqueta plaza de Cañaveralejo, estrenada el 28 de diciembre de 1957, epicentro también de conciertos y otros eventos, recibe en el marco de las festividades caleñas a astados y espadas, siempre divididos en dos bandos, unidos por la faena y el, valgo indicarlo, cuestionado final a muerte de los vacunos, a ciencia y experiencia de que eventualmente, éstos toman revancha.
“Hay sangre en la arena y no es del torero…” sigue entonando Guayacán Orquesta en alusión a las corridas caleñas lo que convalida el fuerte arraigo de los astados en Colombia, por lo menos hasta el siglo pasado, sumado a factores vigentes como la arquitectura de las plazas, varias de las cuales han sido consideradas bienes de interés cultural para sus respectivas urbes.
Ya se acerca la prohibición total de las corridas en Colombia, en ciernes para julio de 2027… E igual suerte pueden sufrir otro tipo de espectáculos similares como las peleas de gallo, el coleo, que es un deporte federado y se practica a nivel internacional, sin olvidar otras ya desaparecidas de la realidad colombiana (hípica y carreras de galgos).
Suena el clarín y se aproxima la estocada mortal de una tradición lúdica, la cual, con todo y su traje de luces e incidencia en el crecimiento y arraigo del uso del tiempo libre, por su puesto, no merece un funeral de tercera.




