Dylan Carrasco, el presente que ilusiona al fondismo colombiano

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Por Jorge Lozano – ACORD CUNDINAMARCA

El atleta del Equipo Porvenir conquistó el oro en los 10.000 metros y la plata en los 5.000 del Campeonato Suramericano U23 en Argentina. Más que dos medallas, su actuación representa una declaración de talento, carácter y futuro para el atletismo nacional.

Hay triunfos que se celebran por una medalla y otros que invitan a mirar mucho más allá del podio. Lo conseguido por Dylan Carrasco Santana en el Campeonato Suramericano de Atletismo U23, disputado en Santa Fe, Argentina, pertenece a esta segunda categoría. El joven fondista colombiano no solo se proclamó campeón suramericano de los 10.000 metros planos, sino que también se colgó la medalla de plata en los 5.000. Una cosecha que habla de su presente competitivo, pero, sobre todo, del enorme potencial que tiene por delante.

Carrasco, integrante del Equipo Porvenir, representante de la Liga de Atletismo de Cundinamarca y residente en Chía, escribió una de las páginas más importantes de su carrera deportiva. Su victoria en los 10.000 metros, con un registro de 29 minutos, 59 segundos y 76 centésimas, fue una demostración de inteligencia, paciencia y valentía. Porque para ganar una prueba de fondo no basta con tener buenas piernas: también hay que saber leer la carrera, administrar las fuerzas y reconocer el instante preciso para atacar.

Y Dylan lo entendió a la perfección.

Durante buena parte de la competencia se mantuvo junto a los principales aspirantes al título, sin desesperarse ni caer en la tentación de responder antes de tiempo. Esperó, observó y guardó sus mejores argumentos para el momento decisivo. Cuando llegó la última vuelta, encontró el espacio para lanzar su ataque y, en los últimos 150 metros, exhibió una capacidad de remate extraordinaria que le permitió superar a sus rivales y cruzar primero la meta.

Fue una victoria construida con cabeza y corazón. Una de esas actuaciones que confirman que el atletismo de fondo también se gana con inteligencia táctica, confianza y determinación.

El valor de su triunfo adquiere una dimensión especial cuando se mira el contexto. En un reciente Grand Prix disputado en Perú, los atletas Nider Pecho y Luis Suárez habían superado al colombiano. En Santa Fe, sin embargo, la historia fue diferente. Dylan no necesitó grandes declaraciones ni promesas de revancha: respondió donde mejor sabe hacerlo, sobre la pista. Esta vez fue él quien impuso las condiciones y dejó atrás a sus dos adversarios peruanos para quedarse con el oro.

Los resultados reflejan la estrechez de una competencia de alto nivel. Carrasco registró 29:59.76, frente a los 30:00.22 de Nider Pecho y los 30:01.47 de Luis Suárez. Apenas unas centésimas separaron al colombiano de su más inmediato perseguidor. En una carrera así, los detalles marcan la diferencia, y Dylan demostró que está aprendiendo a competir precisamente en ese terreno donde se definen los grandes resultados.

Pero su actuación no terminó allí.

En los 5.000 metros planos, el colombiano volvió a subir al podio al conquistar la medalla de plata con un tiempo de 14:08.90. Solo fue superado por el peruano Edwar Márquez, quien registró 14:08.81, mientras que el ecuatoriano Pablo Ñauta Peñafiel ocupó la tercera posición con 14:13.67.

La diferencia entre el oro y la plata fue de apenas nueve centésimas. Otro desenlace apretado que confirma el nivel de exigencia del certamen y la capacidad de Carrasco para sostenerse entre los mejores fondistas jóvenes de Sudamérica, tanto en los 5.000 como en los 10.000 metros.

Ganar una medalla ya es motivo de orgullo. Conseguir dos en pruebas que exigen cualidades distintas, pero complementarias, es una señal mucho más poderosa. Dylan mostró velocidad para resolver una carrera táctica, resistencia para sostener ritmos exigentes y madurez para competir ante rivales que también llegaron con argumentos para subir al podio.

Su doble medalla es, además, una noticia esperanzadora para el fondismo colombiano. Durante años, el país ha encontrado en las pruebas de fondo una tradición de esfuerzo, disciplina y grandes representantes. Mantener vivo ese legado exige mucho más que celebrar resultados: requiere identificar el talento, acompañar sus procesos y ofrecer a los atletas las condiciones necesarias para que su evolución no se detenga.

En ese camino, historias como la de Carrasco merecen atención. Detrás de cada resultado hay entrenamientos, sacrificios, jornadas de preparación y decisiones que pocas veces llegan a las noticias. El público suele ver los últimos metros, el remate y la medalla, pero el verdadero trabajo se construye mucho antes, lejos de los aplausos. Por eso, este logro también debe entenderse como el resultado de un proceso deportivo que necesita continuidad y respaldo.

El desempeño de Dylan contribuyó, además, a una destacada presentación colombiana en el campeonato. La delegación nacional terminó tercera en el medallero general, con cuatro medallas de oro, dos de plata y tres de bronce, detrás de Brasil, que sumó diez oros, seis platas y nueve bronces, y Venezuela, con cuatro oros, cinco platas y tres bronces.

En ese balance colectivo, el doble podio de Carrasco tiene un valor especial. No solo aportó resultados para Colombia: también dejó la imagen de un atleta capaz de asumir la responsabilidad de una final, sobreponerse a antecedentes adversos y resolver bajo presión.

Por supuesto, sería apresurado convertir estas medallas en una garantía de éxitos futuros. El camino del atletismo es largo, las categorías mayores elevan considerablemente la exigencia y la progresión de un deportista requiere paciencia. Sin embargo, tampoco sería justo restarle importancia a lo conseguido. Dylan acaba de demostrar que tiene argumentos para competir de igual a igual con los mejores de su generación en el ámbito suramericano.

Ahora el reto será transformar esta experiencia en una plataforma de crecimiento. Seguir mejorando sus marcas, ganar consistencia, fortalecer su preparación y buscar nuevas oportunidades para medirse en escenarios de mayor exigencia serán pasos fundamentales para consolidar su carrera.

Mientras tanto, hay razones suficientes para celebrar. Desde Chía, con los colores de Cundinamarca y el respaldo del Equipo Porvenir, Dylan Carrasco levantó la bandera de Colombia en lo más alto de los 10.000 metros y volvió a subir al podio en los 5.000. Lo hizo con talento, disciplina y una virtud que distingue a los competidores especiales: saber esperar el momento y tener el coraje para aprovecharlo.

A veces, el futuro de un deporte se anuncia con una gran marca. Otras veces, aparece en los últimos 150 metros de una carrera, cuando un joven atleta decide que ha llegado su hora.

En Santa Fe, Dylan Carrasco encontró ese momento. Y Colombia tiene motivos para seguir de cerca cada uno de sus próximos pasos.

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