Por/ Cesar Prieto – Acord Cundinamarca
Arrasado; así fue el epílogo de uno de los recintos más queridos y recordados para el fútbol bogotano: el venerable Campincito ha sido presa del espejismo del nuevo estadio, la app y el concesionario Sencia; ahora es un lodazal y sólo le sobrevive una parte de las tradicionales tribunas de grama.
A su lado, yacen el Palacio del Colesterol y las canchas de tenis de la Unidad Deportiva El Campín, también bombardeadas por la presunta obra que ha sido anunciada varias veces con bombos y platillos, como si privatizar los escenarios públicos fuera algo para celebrar.
Bogotá tiene ahora menos escenarios deportivos tras la desaparición del estadio El Campincito (Foto tomada de Futbolred el campincito fotos – Buscar con Google)
Y esa obra, después de que el alcalde Galán pusiera una primera piedra, en marzo, sigue en ceros, pero los mencionados escenarios si fueron literalmente borrados del urbanismo capitalino, en perjuicio de cientos de usuarios, de la tradición del tenis, del balompié y del tercer tiempo de los partidos como parte de la cultura e historia de la capital.
Las retroexcavadoras hicieron lo suyo y se ha dicho poco, tal vez mimetizado por la cortina de humo de anuncios y ruedas de prensa en las cuales se patenta que “el papel (render) aguanta todo”, mientras la historia que arrancó hacia 1969 ya es un capítulo cerrado…
El Campincito, cuna de muchos jugadores rolos y torneos de liga, sede natural de las selecciones Bogotá, cancha auxiliar en mundiales de fútbol y localía de varios equipos capitalinos de la 1B pasa al olvido tras casi 60 años de servicios distinguidos al deporte bogotano.
¿Se tiene alguna compensación? No hasta el momento; Bogotá tiene menos escenarios sin olvidar que la Unidad Deportiva El Salitre lleva casi 10 años demolida, el ameno espacio del Palacio del Colesterol, antes y después de las jornadas futboleras también es cosa del pasado, y el tenis de campo con 10 pistas menos, corre igual suerte.
Ahora, el coliseo cubierto El Campín Luis Camacho Matiz, mal llamado disque Movistar Arena, construido con el dinero de los bogotanos y que lo pagamos en el recibo del teléfono durante varios años, sigue a merced de voraces empresarios de los espectáculos… Todo lo anterior, a ciencia y paciencia de las administraciones distritales de turno; ¡Y así queremos ganar los Juegos Nacionales!



